Ella trabajaba incansable, y no quería ser la perezosa del grupo. Ella quería sus hojitas recoger, y semillitas adquirir aunque tuviera que sol y lluvia sufrir Lo que más le disgustaba era la humedad y frialdad del sótano. 50 pisos abajo: mucho frío y mortandad. No veía bien. No le gustaba, algo feo podría encontrar.
Una hormiguita subía y bajaba a su hormiguero. Arriba gozaba del sol y el viento fresco. Abajo la oscuridad que tanto temía.Lo más importante en esos casos es recordar (le dijo otra hormiguita amiguita) que Jesús está contigo aunque no lo puedas mirar. Por fe le tomas la mano, y aunque tus ojos no le veas, confíale tu caminar.
Al fin del día… en tu camita, él te puede acurrucar. Darte fortaleza para mirar y mucho amor y gozo para caminar.
lunes, julio 16, 2007
La hormiga
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